03-El Hogar Cristiano – Esposo Y Esposa – R. K. Campbell

La Familia Y Su Cabeza
Por R K Campbell

Habiendo considerado la relación de esposo y esposa, llegamos ahora al círculo de la familia. Las Escrituras abundan en cuadros de la vida familiar para nuestro ejemplo e instrucción, y también para nuestra advertencia y admonición. La vida de la familia precede a la vida nacional, y es notable ver que una gran parte del libro de Génesis está dedicado al registro de la vida de familia apartada en el mundo como un testimonio para el Dios vivo y verdadero contra la corruptora influencia de la idolatría.

En los días de decadencia y apartamento general de Dios en todos los períodos hallamos familias fieles que se solidarizaron con Dios. En medio de las tinieblas la verdadera vida familiar resplandece en su hermosura, y su importancia es enfatizada de este modo. Las familias ‘de Noé, Abraham, Josué, Ruth, Ana, Zacarías y Loida, la abuela de Timoteo, son unos pocosejemplos.
La encomienda de Génesis Uno
Debe ser el propósitoy feliz anticipación de cada pareja de casados tener una familia y criar hijos para el Señor, si agradare a El concederlo. Un hogar no está completo sin hijos y los goces que ellos proporcionan. La bendición y encomienda que Dios dio a la primera pareja matrimonial, Adán y Eva, es aún la que Dios da a esposo y esposa hoy al entrar en el umbral del matrimonio. “Y los bendijo Dios; y díjoles Dios: fructificad y multiplicad, y henchid la tierra” (Gén. 1:28). Tal es el propósito divino para el hombre y su esposa en la sagrada y santa relación de ellos. Así también la palabra es en I Tim. 5: 14: “Quiero pues, que las que son jóvenes se casen, críen hijos”, etc.
Como alguien señaladamente ha expresado: “Todo matrimonio al cual se entra con el deliberado propósito de evitar tener hijos y formar una familia, cuando las condiciones físicas lo justifican, noes otra cosa que prostitución legalizada”. El proceder del mundo hoy en día en este sagrado asunto es cualquier cosa menos conformarse a la mente y la palabra de Dios. El amor del ocio y del placer hacen esquivar las responsabilidades que la vida de familia impone, y la falta de temor de Dios acarrea muchos pecados.
El cristiano no debe ser arrastrado por la corriente de los pensamientos, opiniones o ideas del mundo acerca de lo recto y justo, sino ordenar su vida en cada detalle en armonía con los preceptos y principios de la palabra de Dios, yandar diariamenteen el temor de Dios, “que es el principio de la sabiduría” (Prov. 1: 7). Debe permitirse al Señor intervenir en nuestras vidas de familia y darle Su justo lugar como Creador de la vida. Hacer lo contrario es negarle Sus derechos como creador.
El Salmo 127: 3 nos dice: “Heredad de Jehová son loshijos”, y Prov. 17: 6 añade más: “Corona de los viejos son los hijos delos hijos”. Los hijos son una dádiva de Dios y deben seraceptados con agradecimiento como tales y criarlos para El, Quien los ha dado.
Mientras tocamos este tema, sería de lugar decir unas pocas palabrassobre el otro lado de la cuestión. El matrimonio cristianoocualquier matrimonio en lo que viene al caso, no concedelicencia anadie parala incontinencia. Mutuo amory consideración ydominio propio debenregir siempre el ejercicio de los poderes sexualesconferidos por Dios en la relación marital. En esto, como en todo lo demás, el cristiano debe regirse por la razón justa, y debecuidarse de excesiva indulgencia para perjuicio del alma y cuerpo de cada uno. Es posible permitir el exceso en esto, así como en todo lo demás. La pasión y la concupiscencia no han de regir. De otro modo el fruto del Espíritu, “templanza” o “continencia” no esté en ejercicio, y por ello el Espíritu morante, el Espíritu Santo, es contristado, y la vida espiritual, el crecimiento y la actividad, son reprimidos. [...]
“Tú y tu casa”
Al considerar el tema de la familia es bueno notar que Dios ha ordenado al esposo y padre ser la cabeza de la familia así como la cabeza de la esposa, y que un hombre y su casa están vinculados. Una referencia a varias Escrituras revelará el hecho bendito y serio que Dios asocia la casa de un hombre con el hombre mismo. Este es un bendito privilegio, pero también una responsabilidad solemne.
“Tú y tu casa” es el orden por todas las Escrituras. Cuando Dios estaba para destruir un mundo malo con un diluvio, dijo a Noé: “Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación” (Gén. 7:1). Y cuando Dios se disponía a revelar a Abraham sus consejos secretos, dijo que sabía que Abraham “mandada a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová” (Gén. 18: 17 – 19).
Así también cuando Jacob fué mandado por Dios a levantarse e ir a Betel, nunca pensó en desvincularse a sí mismo de su familia; por el contrario inmediatamente se dice: “Jacob dijo a su casa, y a todos los que estaban con él: quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, limpiaos y mudad vuestros vestidos. Ylevantémonos y subamos a Bet-el” (Gén. 35: 1 – 3). El mismo principio se halla en Exodo 10: 8, 9. Cuando Faraón urgió a Moisés y Aarón a dejar a sus pequeños en Egipto, mientras ellos iban al desierto a celebrar fiesta a Jehová, Moisés respondió: “Iremos con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas”- De Josué oímos la misma verdad en sus nobles palabras: “Que yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24: 15)- Las palabras de Jehová en 1 Samuel 3: 11 – 13 demuestran también que Dios hizo a Elí responsable por el mal de su casa y lo identificó con su familia.
Una breve ojeada al Nuevo Testamento nos hace observar el mismo orden. La palabra a Zaqueo fué: “Hoy ha venido la salvación a esta casa” (Lucas 19: 9). Así en el caso de Cornelio fué que Pedro “te hablará palabras por las cuales serás salvo, y toda tu casa” (Hechos 11: 14). Así también al carcelero de Filipos el mismo vínculo está expresado en las palabras: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú, y tu casa” (Hechos 16: 31).
Privilegio y responsabilidad
El principio de “tú y tu casa” es por cierto una gran bendición y privilegio. No sólo es la cabeza de la casa, quien es salvo y un hijo de Dios, traído a bendición y favor con Dios, sino toda su casa, por virtud de la conexión de ésta con él, es también traída a una posición de asombroso privilegio. Ellos no están en la misma relación con Dios como el padre salvado, pero están en una posición de bendición y privilegio. (Véase también I Cor. 7: 14). Y como los propósitos y deseos de Dios son de este modo vistos de que toda la casa del creyente sea salva, el padre cristiano puede contar con Dios para la salvación de ellos. Este es un gran consuelo.
Por otra parte una responsabilidad grave está envuelta en el pensamiento de “tú y tu casa”. Si yo pertenezco a Dios, mi casa pertenece a Dios también, ya que ella es parte de mí mismo; consecuentemente, soy responsable de gobernar mi casa para Dios y de instruir los niños a servirle a El. Han de ser criados en el camino del Señor y ser dirigidos en los pasos de justicia en separación del mundo. Si se permite el mal en la familia, Dios hace de ello responsable a la cabeza.
Como Dios gobierna Su casa con poder ejercido en justicia no faltando nunca el amor, sin embargo, así debe el siervo de Dios, tomar a su maestro como su modelo y gobernar su casa semejantemente. Dios ha investido a la cabeza de la casa con autoridad, y lo hace a él responsable de ejercer esa autoridad en el temor de Dios y para gloria de Dios. El padre cristiano ha de representar a Dios en medio de su familia. Para esto él debe recurrir constantemente a los pies de su Señor a aprender allí en comunión con El, lo que ha de hacer y cómo hacerlo. Una casa cristiana debe ser una representación en miniatura de la casa de Dios con respecto a su orden moral y su arreglo piadoso de todo. Sólo por continua dependencia del Señor y andar diariamente con El podrá uno gobernar su casa rectamente.
Fracaso en la familia
Mucho fracaso y confusión se manifiestan en los hogares y familias cristianos, debido a que el esposo y padre no ha tomado su propio lugar como cabeza de la casa y falla en reconocer su responsabilidad ante Dios como tal. Dios espera del padre especialmente que vele por su familia y casa y que la ordene de acuerdo con Su palabra y para Su gloria. A los hijos no se les ha de permitir que hagan como ellos quieran. Una de las calificaciones del obispo o sobreveedor en la asamblea era que debía gobernar bien su casa y tuviera a sus hijos en sujeción, con toda honestidad (I Tim. 3: 4). Como se ha notado ya, Dios pudo decir de Abraham que sabía que mandaría a sus hijos a seguir el camino del Señor, después de él.
Algunas veces ocurre en algunas familias que la esposa y madre se aleja de la posición de sujeción y asume el gobierno de la casa y conduce a la familia por caminos que no son del Señor. No obstante lo triste y difícil que sea tal situación, el esposo y padre no tiene acusa delante de Dios en cuanto a su responsabilidad respecto a cómo anda su familia. Si consideramos los capítulos 2 y 3 de Génesis tendremos la revelación de unprincipio importante en relación con esto.
Adán fué creado primero y Eva fué hecha más tarde y dada a él como su ayuda idónea. A Adán le fué dado el mandamiento de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal (Gén. 2: 16). Satanás vino luego a Eva y tuvo éxito en lograr que ella tomara y comiera del fruto prohibido, y lo dió a su marido, el cual comió así como ella (Gén. 3: 6). Aquí el orden de Dios fué revertido en el pecado original de la humanidad. En vez de la mujer estar con el hombre y él presidiendo, ella toma la dirección en desobediencia a Dios y el hombre la sigue a ella en pecado. Notad ahora cómo Dios trata con esta desobediencia y desorden. “Y llamó Jehová. Dios al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú, has comido del árbol que yo te mandé que no comieses?” (Gén. 3: 9, 11). Dios no llamó a Eva y le preguntó si ella había comido del fruto prohibido, aunque ella fué la primera en hacerlo. No; Dios llamó a Adán, la cabeza, a quien había dado el mandamiento de no comer, y le hizo responsable de la trangresión.
Adán débilmente contesta que la mujer que Dios le había dado para ser su compañera le había dado del árbol y él había comido de él. Pero al pronunciar Su castigo gubernamental sobre Adán, Dios no le acusa por lo que Eva había hecho. Por el contrario, El inculpa a Adán por escuchar a la voz de su mujer y comer en desobediencia al mandamiento que El le había dado (Gén. 3: 17). Eva recibió su castigo también, pero Adán fué tenido por más responsable.
Este es el principio sobre el cual Dios actúa hoy con cada familia y su cabeza. Que su advertencia y admonición sean tenidas en cuenta y se procure gracia de Dios para cumplir la responsabilidad de uno en el hogar como cabeza para gloria de Dios. Que las palabras de Josué sean el propósito de todo esposo y padre cristiano: “Que yo y mi casa serviremos al Señor”.

~ por Arq. Adolfo Becerril S. en septiembre 3, 2008.

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