EL ORDEN DE DIOS – La adoración cristiana es «en espíritu y en verdad» – B. Antey

La adoración cristiana es «en espíritu y en verdad»

Este cambio en la manera de acercarse a Dios en adoración fue anunciado por primera vez por el Señor Jesús a la mujer samaritana junto al pozo de Sicar. Dijo: «Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre» (Jn. 4:21).

Aquel «monte» (Gerizim) era el lugar donde adoraban los samaritanos; y «Jerusalén» era el lugar donde Israel adoraba a Jehová.

Por eso aprendemos que el orden terrenal de cosas iba a tener fin. (En otros pasajes se nos dice que después que la iglesia sea llamada a su hogar en el cielo en la venida del Señor -el arrebatamiento-, el judaísmo volverá a tomar su puesto en la tierra con Israel, y luego será adoptado por los gentiles convertidos, porque es la forma apropiada para que un pueblo terrenal adore a Dios. Ezequiel 40-49.)

El Señor Jesús también dijo a la mujer samaritana que la primera diferencia en el culto cristiano es que, en tanto que Israel adoraba a Jehová, los cristianos adorarían ahora «al Padre».

Ésta es una revelación cristiana, porque el Padre no era conocido en el Antiguo Testamento.

Además, le mostró que iba a haber un cambio en el carácter de la adoración.

El Señor dijo: «Pero llega la hora, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad» (Jn. 4:23-24).

Adorar «en espíritu y en verdad» es una adoración espiritual según la revelación de la verdad.

Se trataba de algo que no era característico del culto de Israel, porque el Señor indicó claramente que era algo que estaba para empezar.

El culto de Israel a Jehová era mediante rituales y ceremonias.

Tenían una religión ideada para, si era posible, inducir al hombre en la carne a adorar a Dios.

Esto se debía a que entonces el hombre estaba todavía bajo prueba (desde Adán hasta la cruz de Cristo hay cuarenta siglos – y cuarenta es un número que denota prueba).

Por ello, para conseguir este fin se emplearon prácticamente todos los medios externos en el nombre de la religión.

Pero los cristianos no necesitan una religión de ritos y ceremonias para adorar a Dios como lo hacía Israel, porque ahora tenemos acceso por el Espíritu a la misma presencia de Dios (Ef. 2:18; 3:12; He. 10:19-22).

En el cristianismo, el culto es ayudado por el Espíritu Santo morando en los Suyos, no por los esfuerzos de las manos de los hombres (Fil. 3:3; Hch. 17:24-25).

Ésta es una bendición que Israel no poseía.

La Escritura dice que el culto cristiano es un «camino nuevo y vivo» (He. 10:20).

Es «nuevo» porque no es una imitación del judaísmo, y es «vivo» porque se precisa poseer una nueva vida para acercarse a Dios de esta manera.

~ por Arq. Adolfo Becerril S. en junio 26, 2008.

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