LAS TRES DIMENSIONES DE LA CRUZ – Steve Cobb

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Las 3 Dimensiones de la Cruz 

¿Tiene uno que esperar 10, 20, 30 o más años para experimentar las realidades más básicas del evangelio? ¡Que ridículo pensar eso! Sin embargo, que fácil es ver que tantos Cristianos siguen aún hasta su tumba sin jamás haber experimentado la vida abundante de victoria y libertad que nuestro Señor Jesús nos ofrece por medio de Su cruz.

Hace años leí en uno de los libros del Dr. Bill Hammon (profeta reconocido internacionalmente y fundador de la Universidad Bíblica Christian International, de Santa Rosa Beach, Florida) el detalle de una línea de tiempo que mostró como el Señor comenzó a restaurar a Su Iglesia los tesoros de las verdades básicas del evangelio desde la Reforma en el Siglo XVI (Heb.6:1,2). En esa misma línea de pensamiento, creo que hemos comenzado a ver algo sucediendo hoy en día sobre lo cual deseo recibir más confirmación. A mí me parece que al crecer la Iglesia de la Reforma durante sus primeros siglos, los Cristianos comenzaban a poner en práctica las verdades maravillosas de la salvación, y su expresión de la santidad, la santificación y la separación del mundo era, más que nada, principalmente externa (a través de reglas estrictas, formas de vestirse, etc.). El apóstol Pablo dice que estas formas externas tienen una muestra de humildad humana pero no tienen ningún valor contra los profundos apetitos de la carne y del corazón (Col.2:23). Pero, durante el Siglo XIX, los Cristianos comenzaron a echar mano a la REALIDAD fundamental del evangelio, de que ya hemos sido crucificados con Cristo (Rom.6:2, 3, 4, 6, 8, 11; 7:5; 2Cor.5:14; Gal.2:20; 6:14; Col.2:20; y 3:3,5), y por consiguiente, comenzaron a EXPERIMENTAR la realidad de la verdadera santidad que Dios nos provee espiritualmente como un regalo, tan gratuitamente por el Espíritu como el perdón de nuestros pecados, por fe en la obra terminada de Cristo en Su cruz. Así es como el Señor comenzó a restaurar a la Iglesia la doctrina de “la santificación por la fe” a través de una SEGUNDA obra de gracia de identificación con Cristo en Su cruz. Esta EXPERIENCIA, los Cristianos del Siglo XIX comenzaron a llamar la “segunda bendición” (la “primera” siendo el nuevo nacimiento). Esta obra de la gracia del Espíritu Santo, secundaria al nuevo nacimiento, les traía victoria sobre el pecado y la tentación del corazón que tanto anhelaban. El resultado de la predicación ungida y poderosa sobre la cruz durante el Siglo XIX produjo en muchos Cristianos una profunda devoción apasionada a Cristo, y un abandono desinteresado a los intereses de Dios, no visto en la Iglesia durante siglos. Muchos se dieron cuenta que ya habían muerto al mundo y el mundo había muerto para ellos, a tal grado que se perdieron tanto en el amor de Cristo, que echaron sus fortunas a los pies del Señor y se convirtieron en misioneros pioneros que terminaron abriendo naciones y aún continentes enteros al evangelio. Estas eran personas como CT Studd, William Carey, Hudson Taylor, George Muler, Oswald Chambers, Andrew Murray, y muchos otros. El mensaje de la cruz tri-dimensional era su bandera. Se encuentra en todos sus libros. Bien, ¿qué pasó a la Iglesia del siglo siguiente, el Siglo XX? El Señor comenzó a restaurar a la Iglesia el bautismo en el Espíritu Santo y los dones espirituales, justo en el año 1900. Esto era cuando nació el movimiento pentecostal que ha llenado la tierra del día de hoy. Pero para los pentecostales, el bautismo en el Espíritu fue una EXPERIENCIA espiritual tan poderosa, en la que se veía señales externas, que al recibirlo, pensaban equivocadamente que estaban recibiendo aquella “segunda bendición” que había estado impactando a la iglesia, y comenzaban a llamar al bautismo en el Espíritu Santo “la segunda bendición” o la experiencia de “la santificación”. Ya, con el énfasis puesto en el bautismo en el Espíritu y los dones, el enfoque fue desviado de la cruz, y aunque los pentecostales siguieron con una “doctrina” de santidad, eventualmente se revertió principalmente a formas externas porque se perdió de vista el elemento que nos santifica, fe en la obra de Cristo en la cruz. Al pasar de los años, la Iglesia perdía de vista más y más la 2a dimensión de la cruz, la REALIDAD de que “si uno murió por todos, entonces todos murieron” (2Cor.5:14). La Biblia jamás ha atribuido el propósito del bautismo en el Espíritu Santo a la santidad, sino más bien su propósito es PODER espiritual para el servicio (Hechos 1:8 “…recibirán PODER cuando haya venido sobre ustedes el Espíritu Santo, y serán mis testigos…”). El propósito de los dones del Espíritu es testificar de la realidad de la resurrección de Cristo, que a través de los dones, los pecadores pueden ser convencidos que Jesús vive hasta el día de hoy, porque es EL que hace las obras a través del Cristiano. El testimonio de la Iglesia durante el Siglo XX afirma que el bautismo en el Espíritu Santo con los dones acompañantes, no produce la santidad en ninguna forma, sino produce PODER espiritual. Al fin del Siglo XX, ¿cómo parece la Novia de Cristo? Ella ha adquirido un alto perfil en este mundo. A Ella se ve en televisión las 24 horas del día, 365 días del año, profetizando, echando fuera demonios, sanando a los enfermos, haciendo señales y maravillas, predicando una prosperidad material en un ambiente de opulencia flagrante, llena de toda inmoralidad. Hoy en día suceden tantos divorcios, adulterios, homicidios, robos, fraudes, y hasta actos homosexuales, etc. en la Iglesia, incluyendo entre nosotros que “hablamos en lenguas”, tantos que suceden en el mundo. Recientemente confirmé con un misionero Director Internacional de un ministerio a los policías del mundo y a las cárceles que el porcentaje de reos en las prisiones por todo el mundo que nacieron de nuevo y aún tuvieron una experiencia de hablar en lenguas, antes de ir a la cárcel es bastante. Hay razón porque el mundo ve muy poca virtud espiritual en la Iglesia. Y ¿cual es el evangelio que oímos predicado más que cualquier otro hoy en día? “Recibe a Cristo y toda tu vida se volverá más rica; Dios resolverá todos tus problemas financieros; hasta te dará una nueva casa, un mejor trabajo, un mejor cónyuge, etc. No hay fin a todo lo que Dios hará para ti.” Me parece que la oración de la mayoría de los Cristianos hoy en día suena algo así, “Buenos días Dios. ¿Qué puedes hacer para mí hoy para que mi vida sea un poco más cómodo? Mi Papito lindo, mi buen Diosito, envíame unos billetes hoy un poco más grandes que los de ayer. Que no se me pinche la llanta. Bendíceme bien hoy, mi Jesusito. Eres tan bueeeeennnnoooooo, todo el tiempo, mi Dioscito lindo!! ¡¡Y creen que esto es la justicia del reino de Dios!! Creo que sorprendería a muchos Cristianos saber que Dios no está en una campaña para convertir a los pecadores en “buena gente”, o para ayudar a los pecadores a que pequen menos. Su respuesta a nuestro problema es la muerte y la resurrección mientras vivimos por la fe en Cristo. El Diccionario Bíblico de Easton define la palabra santificación en estos términos: “se involucra más que una simple reforma moral del carácter, que se lleva a cabo por el poder de la verdad: es la obra del Espíritu Santo, sometiendo toda la naturaleza del hombre más y más bajo las influencias de los principios llenos de gracia implantados en el alma cuando se regeneró. En otras palabras, la santificación es el llevar a la perfección la obra que se inició en la regeneración, y se extiende a todo el ser del hombre” (Rom.6:13; 2 Cor.4:6; Col. 3:10; 1 John 4:7; 1 Cor. 6:19). Oswald Chambers lo dice así, “Pablo no dijo que Dios le separó desde el vientre de su madre para mostrar qué maravilloso hombre El podía hacer de Pablo, sino para ‘revelar Su Hijo en mí.’ ” (Gál.1:16). Muchos hablan hoy sobre el “evangelio de la gracia.” ¿Sabes lo que es el evangelio que predicaba Pablo? Es — ¡¡¡YO MORI CON CRISTO!!! Esta es la gracia maravillosa. Es Dios proveyendo a través de Jesús, para que yo pueda vivir muerto a este mundo y vivo para Dios. La gracia de Dios levantándome a vivir en Su Hijo, redimiéndome para Sí mismo. El bautismo en el Espíritu Santo no ha aumentado en ninguna forma ninguna virtud espiritual para las almas humanas, ni es eso su propósito. No soy espiritual por que impongo manos sobre un enfermo y se sana; ni porque puedo enseñar profundas verdades de la Biblia, o profetizar viendo claramente el futuro. Soy espiritual si, a las tres de la tarde, o a cualquier otro momento del día, puedo discernir entre mis propios intereses (la voluntad de mi carne) y los intereses de Dios, y OBEDEDER al Espíritu en vez de mi carne. Soy espiritual si ministro amor y vida a mi cónyuge y a mis hijos en mi conversación diaria. El bautismo en el Espíritu es dado para que tengamos el PODER espiritual para realizar las obras de Cristo, para ganar a los perdidos, y ayudarnos a confiar en Dios por medio de la fe en Jesús; NO PARA SANTIFICARNOS. Así que, ¿qué habrá en la agenda del Señor para Su Iglesia hoy en día? Estoy emocionado por lo que veo si es que estoy interpretando los eventos correctamente. Creo que el Señor va a volver a restaurar a Su Iglesia el mensaje y la experiencia de las 3 dimensiones de la Cruz de Jesús, esas dimensiones siendo #1) Cristo murió por mi; #2) Yo morí con Cristo; #3) Tomo mi cruz diariamente, por el poder del Espíritu, haciendo morir lo carnal en mí (Rom.8:13; Col.3:5). Cuando la humildad de la cruz se une con el poder del Espíritu, el Señor encontrará algo con que trabajar para ganar a un mundo perdido. A muchos Cristianos hoy en día me gustaría hacer la pregunta, “¿Existe una cruz en tu propia práctica del cristianismo?” “Si dices que estás siguiendo a Jesús, ¿puedes contarme en qué forma te negaste a ti mismo hoy?” (Lucas 9:23). Solo por medio de la cruz podré conocer lo que es ser “constreñido” u “obligado” por el amor de Cristo para no buscar mis propios intereses. Dios sabe que YO no puedo amar a los pecadores. El quiere que yo deje a que Jesús los ame a través de mi. Esto solo es posible por medio del milagro de la cruz en mi vida. 2Cor.5:14,15 (NVI) ” 14 El amor de Cristo nos obliga, porque estamos convencidos de que uno murió por todos, y por consiguiente todos murieron. 15 Y él murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió por ellos y fue resucitado.” 1Cor.10:23, 24 (NVI) ” 23 Todo está permitido, pero no todo es provechoso. Todo está permitido, pero no todo es constructivo. 24 Que nadie busque sus propios intereses sino los del prójimo.” 1Cor.10:33,11:1 (NVI) “Hagan como yo, que procuro agradar a todos en todo. No busco mis propios intereses sino los de los demás, para que sean salvos. 11:1 Imítenme a mí, como yo imito a Cristo.” Fil.2:4 (NVI) “No hagan nada por egoísmo o vanidad más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás.” Fil.2:19-21 (NVI) “19 Espero en el Señor Jesús enviarles pronto a Timoteo, … 20 No tengo nadie más que como él, se preocupe de veras por el bienestar de ustedes, 21 pues todos los demás buscan sus propios intereses y no los de Jeuscristo.” Yo he encontrado que es simplemente imposible para mi practicar estos versos, y vivir esta clase de puro y auténtico cristianismo en el poder de mi alma. Solo puede ser realizado por vivir en el espíritu, donde EXPERIMENTAMOS aquella vida abundante que Jesús vino a darnos, siendo llenado de virtud espiritual al depositar mi confianza en la realidad de la cruz de Cristo, experimentando la vida resucitada de Jesús por medio de adorarlo, ofreciéndole mi vida en sacrificio vivo y agradable. Personalmente, he encontrado que si procuro negarme a mí mismo (la 3a dimensión de la cruz), sin haber EXPERIMENTADO la realidad que he sido crucificado con Cristo (la 2a dimensión de la cruz), mi auto-abnegación se vuelve sólo una forma de acetecismo vacío y carnal; mi carne tratando de resistir a mi carne; mi alma tratando de superar los deseos de mi alma. En vez de eso, el camino del Señor y Su provisión es experimentar el poder de Su resurrección (la 3a dimensión — “por el Espíritu” Ro.8:13), cuando me toca negar los deseos de mi alma. He encontrado que sólo es cuando estoy en el espíritu, que puedo aún discernir lo carnal en mi. Por lo tanto, cuando estoy en la carne (Ro.8:5),normalmente ni lo discierno, mucho menos resisto a mis actitudes carnales. Aunque a veces reconozco un poco a mi carne, usualmente no resisto lo que me está sucediendo hasta después de caer y pecar. Ultimamente, al inicio del día, sintiendo la necesidad personal de que mi alma encuentre la cruz de Jesús, el altar de holocausto cristiano, he reconocido a mi alma como luchando, forzándose a hacer algo “espiritual” para meterse en el espíritu. Simplemente no se puede. Entonces el Espíritu me recuerde del camino nuevo y vivo (Hb.10:20). Es así cuando me encuentro orando algo como, “Espíritu Santo, consume mi carne, al ofrecerte mi vida como sacrificio vivo. Consume a todas mis habilidades naturales, mis dones, mi auto-confianza, mi orgullo, mi codicia, mi contención, mi propio entendimiento, etc. (la lista es larga porque el alma es fuerte).” Al orar esto recientemente, me di cuenta de por qué percibía el Señor olor fragante cuando los sacerdotes del Antiguo Testamento quemaban el sacrificio. Era porque se consumía la carne. Como sacerdotes de Cristo, no hay forma en que podemos agradar a Dios sirviéndole en la carne. Pablo dice, “Porque la circuncisión somos nosotros, los que por medio del Espíritu de Dios adoramos, y nos enorgullecemos en Cristo Jesús, no poniendo nuestra confianza en esfuerzos humanos [la carne]“ (Fil.3:3 NVI). Ahora, al inicio del Siglo XXI, la Iglesia de Jesús ha sido saturada del bautismo en el Espíritu y los dones se han vuelto tan comunes y aún aburridos para algunos. El Señor está restaurando el mensaje y la experiencia de Su cruz en nuestro día, y la Iglesia llegará a ser el ejército más poderoso que nunca — vestida de blanco de la justicia de Su Señor. Entonces, El que se siente sobre el Trono (Ap.14:14-16) la podrá usar para meter su hoz y cosechar la mies más grande de almas que jamás ha habido, de la cual hemos oído predicar por décadas. Ap.12:11 (NVI) “Ellos lo han vencido por medio de la sangre del cordero y por el mensaje del cual dieron testimonio; y no valoraron tanto su vida como para evitar la muerte.” Y entonces vendrá el fin. ¡¡¡Aleluya!!! ¡¡¡No es eso emocionante!!! No estoy diciendo que ya no vamos a seguir ministrando el bautismo en el Espíritu Santo. Lo necesitamos siempre. Quizás si los cristianos entendieran un poco mejor la cruz, recibiría el bautismo en el Espíritu con más facilidad, y les serviría muy bien. Pero la necesidad del fuego de la santidad que sólo viene por la realidad de lo que Jesús ha provisto para nosotros en Su cruz, no puede faltar más en nuestro día. Juan 12:24-26 24 …si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo. Pero si muere, produce mucho fruto. 25 El que se apega a su vida la pierde; en cambio, el que aborrece su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna. 26 Quien quiera servirme, debe seguirme; y donde yo esté, allí también estará mi siervo. A quien me sirva, mi Padre lo honrará.” Es interesante notar que la progresión del evangelio de Pablo en el libro de Romanos va desde la experiencia de la justificación (Rom.5 – el nacer de nuevo), a la experiencia de la santificación (Rom.6, 7, y 8 – victoria sobre el pecado y el dominio del alma), hasta la experiencia de la consagración al servicio (Rom.12 – la unción para servir). Pablo muestra la experiencia normal de la santificación como en 3 etapas:

  1. Rom.6: la revelación personal de la cruz (el descubrir la realidad que uno ha muerto con Cristo)
  2. Rom.7: la crisis personal con la cruz (el descubrir lo vil e inútil que somos en nuestra carne y fuerzas propias)
  3. Rom.8: la victoria personal a través de la cruz (el Espíritu Santo dándonos discernimiento entre la carne y el espíritu, eligiendo obedecer al espíritu en vez de la carne, haciendo morir lo carnal en nosotros).

Estas 3 experiencias fundamentales del Cristiano, experiencias duraderas y crecientes, cada uno con su iniciodramático, se ven claramente ejemplificadas en la ceremonia que Dios prescribió a Moisés para consagrar a Aarón y sus hijos al sacerdocio (Lv.8). Se les prescribió a que sacrificaran 3 animales… #1. El novillo de la expiación (la justificación o perdón de pecados); Se imponían las manos en identificación personal y confesaron sus pecados. #2. El carnero del holocausto (la santificación – “Yo morí con Cristo”) Se imponían las manos en identificación personal reconociendo que no tienen nada en su propia naturaleza que puede servir a Dios (Jn.5:19 – el Hijo no puede hacer nada por sí mismo.) #3. El carnero de la consagración (la unción de sangre y aceite – “Tomo mi cruz diariamente por el Espíritu y hago morir lo carnal en mi.”); Se imponían las manos en identificación y después, tomando la sangre del animal untó su oreja derecha (mi cabeza es muerta para Dios – no mis pensamientos, sino los de Dios); untó con la sangre el pulgar de la mano derecha (muerte a mis talentos y fuerzas propias), y untó con la sangre el pulgar del pie derecho (muerte a mi propia justicia, juicio, y forma de caminar). Después mezcló el aceite con la sangre y lo roció sobre todo el cuerpo; sangre, símbolo de muerte y aceite, símbolo del Espíritu Santo que da vida; la cruz y el Espíritu Santo trayendo muerte a nuestra forma humana de servir y vida a la forma de Dios, en humildad y verdad. La muerte de los primeros 2 sacerdotes, hijos de Leví (Lv.10), el primer día de su ministerio, por ofrecer el incienso extraño de “servir a Dios a su propia manera” testifica al hecho de que Dios no aceptará ningún servicio hecho en la carne o a la fuerza propia – solo lo que nace del Espíritu (2Cor.3:4-6; 1Cor.3:10-14; 2 Cor.5:10). 2Cor.3:4-6 “4 Esta es la confianza que delante de Dios tenemos por medio de Cristo. 5 No es que nos consideremos competentes en nosotros mismos. Nuestra capacidad viene de Dios. 6 El nos ha capacitado para ser servidores de un nuevo pacto, no el de la letra sino el del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.” 1 Cor.3:12-15 “12 Si alguien construye sobre este fundamento, ya sea con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y paja, 13 su obra se mostrará tal cual es, pues el día del juicio la dejará al descubierto. El fuego la dará a conocer, y pondrá a prueba la calidad del trabajo de cada uno. 14 Si lo que alguien ha construido permanece, recibirá recompensa, 15 pero si su obra es consumida por las llamas, él sufrirá pérdida. Será salvo, pero como quien pasa por el fuego.” 2 Cor.5:10 “Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo.” (si fue hecho en la carne o en el espíritu). A mi me hace preguntar, en los años que tengo de “servir a Dios” como misionero, ¿cuanto he hecho en obediencia al Espíritu, y cuanto he hecho en la carne? ¿He servido realmente a Dios o he usado a Dios para mis propios intereses? Solo lo que he hecho en obediencia a Dios permanecerá en mi cuenta en el cielo. ¿Estoy rico para con Dios? Hudson Taylor, el fundador de la Misión al Interior de la China, sufrió la pérdida de sus primeros tres hijos y al final su primera esposa en sus primeros 16 años de ministerio. ¿Qué fue lo que le dio fuerzas para continuar después de tanto sufrimiento? Fue una carta que recibió de un amigo que le abrió los ojos para ver la realidad de que él ya había muerto con Cristo en la cruz. A los 30 años después de nacer de nuevo y 18 años de servicio misionero, Hudson Taylor comenzó a experimentar la obra santificadora de Dios en su vida por medio de la fe en lo que Cristo hizo por él en la cruz. Esto fue el inicio de una nueva etapa de crecimiento espiritual en su vida, que le dio el poder para servir a Dios en el espíritu. El mensaje tri-dimensional de la cruz llegó a ser un fundamento tan firme y profundo para la iglesia China, que los que estudian iglecrecimiento dicen que en la actualidad, nacen de nuevoaproximadamente 70,000 chinos cada día, y eso sin campañas evangelísticas. “Si el grano de trigo cae…” ¿Será la voluntad de Dios que uno tenga que esperar 10, 20, o 30 años después de nacer de nuevo para experimentar la realidad de que hemos muerto con Cristo? ¡Es obvio que no! Lo que falta es la instrucción adecuada y el ejemplo de los que lo viven. ¡¡Hay de mi, si esto no vuelve a ser mi estilo de vida en Cristo!! Ahora, viene la gran pregunta… ¿dónde estás tu en la santificación que tu Padre Eterno obra en ti? “Esta es la voluntad de Dios,” dijo Pablo, “nuestra santifica-ción.” (1Tes.4:3). ¿Has descubierto por revelación del Espíritu Santo la realidad de que has muerto con Cristo? Eso es el inicio. Pero es solo el inicio, porque este conocimiento sólo envanece si no se lleva a la práctica. Si no lo has visto, pídele a Dios. Si ya lo has visto, ¿estás poniendo fe para la 2a etapa: tu crisis personal con la cruz (Ro.7)? Han llegado a ser tus propios pecados (especialmente aquellos que sigues justificando), extremadamente pecaminosos para ti (Ro.7:13)? ¿Has llegado a la desesperación personal con tu propia carnalidad? Pablo dijo al llegar a este punto, “¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal? ¡Gracias a Dios por medio de Jesucristo!” (Rom.7:24,25). Si es así, entonces estás en la 3a etapa de la santificación: por el poder del Espíritu, estás discerniendo tu carne a cada rato y negándote a ti mismo. Estás tomando tu cruz con el gozo del Señor, experimentando la vida de Cristo y victoria sobre tus tendencias naturales. La santificación no es un fin en si mismo. Solo es un paso hacia el propósito eterno de nuestra completa redención y comunión con Dios. Por Su misericordia, Dios está restaurado Su pasión en nuestros corazones (nuestro primero amor). Aunque nos sentimos inexpertos, la cruz está sobre nuestro corazón y al centro de nuestros mensajes. El Anciano Gobernante de VERBO Sur donde servimos (Arturo Fernández), ha sentido que el mensaje de la cruz es tan importante en esta hora que hemos comenzado un seminario que se imparte en tres diferentes horarios de la semana, para que puedan aprovechar el mayor número de personas. Estimamos que el seminario abarcará por lo menos 3 o 4 meses. Gracias por orar por nosotros. Dios les bendiga y les guarde. ¡Que la pasión de Jesús siempre sea suya! Esteban Cobb

 

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~ por Arq. Adolfo Becerril S. en marzo 25, 2008.

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